En jardines, el objetivo suele ser conseguir una superficie cómoda, estable y con aspecto natural durante todo el año. La preparación del terreno es especialmente importante si hay tierra, raíces, desniveles o zonas que acumulan agua tras la lluvia.
En terrazas y áticos, la prioridad cambia: conviene respetar pendientes, sumideros y encuentros con paredes, puertas o jardineras. Un mal corte o una fijación inadecuada puede provocar pliegues, bolsas de agua o un acabado poco limpio.
En zonas de piscinas, niños o mascotas, se valora mucho el drenaje, la resistencia al uso y la facilidad de limpieza. En estos casos, el modelo de césped artificial y la instalación deben pensarse para soportar humedad, tránsito frecuente y mantenimiento sencillo.